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Surgimiento y desarrollo de los rastafari en la Cuba socialista
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Los rastafari son un fenómeno relativamente joven en Cuba. El movimiento ingresó en la isla por vez primera hacia fines del decenio 1970-1979 y ha seguido haciéndolo a través de distintos agentes. La mayoría de los cubanos que se identifican con el movimiento, de un modo u otro, supieron de su existencia escuchando la música reggae.

El reggae, que hasta el día de hoy ocupa muy poco tiempo de transmisión en las estaciones de radio cubanas, fue llevado a la isla por marineros y estudiantes, sobre todo caribeños y africanos, a fines de ese decenio. Después, escuchar y grabar las transmisiones de estaciones radiales de Jamaica y la Florida fue la vía principal para acceder al nuevo ritmo. Puesto que hasta la década de 1980-1989 las grabadoras personales no abundaban, las primeras grabaciones fueron hechas por un grupito de entusiastas esforzados, y luego escuchadas en fiestas semanales de reggae organizadas en casas particulares, mayormente en barrios urbanos. Fue así que el ritmo empezó a circular, que se captó a nuevos entusiastas y se estableció un nuevo circuito musical alternativo.

Para valorar las difíciles condiciones en las que el reggae ingresó y se difundió en Cuba, hay que recordar el limitado intercambio cultural del país a fines del decenio de 1970-1979 y a lo largo del siguiente (4). En lo que a música se refiere, esto significó que la música cubana dominaba las ondas radiales del país, mientras que la música extranjera se tocaba menos y ha sido difícil de obtener por vías formales (5). Este y otros factores dificultaron (pero hasta cierto punto hicieron más deseable) la posibilidad de que muchos cubanos adquiriesen música extranjera, que, como muchas cosas nuevas y diferentes, prendió como un fuego en el bosque.

Inspirados en las imágenes de Bob Marley y otros artistas del reggae, algunos entusiastas empezaron a dejarse crecer dreadlocks porque, según explicaban, “les gustaba su apariencia”. Sin embargo, debido a la muy extendida estigmatización de los cabellos largos por su asociación con comportamientos y actitudes no conformistas, a lo largo de los decenios de 1970-1989 el número de personas con dreadlocks permaneció reducido.

Durante ese período temprano, eran menos los cubanos que comprendían o hablaban inglés. Puesto que la mayor parte de las letras del reggae están en ese idioma, la comprensión de los contenidos y significados de las canciones por parte de la mayoría de los entusiastas del reggae de los primeros tiempos fue limitada. Muchos de los aficionados iniciales, ahora rastafaris, comentaban, no obstante, que esa barrera del idioma no importaba, ya que el propio ritmo del reggae porta el mensaje; un ritmo que no sólo transmite vibraciones armoniosas, totalmente naturales y espirituales, sino que también les hace “sentirse más ellos mismos”. Pese a su atracción hacia el reggae y su conexión con él, sin embargo, la mayoría permaneció ignorante de que existiera un movimiento, un modo de vida y una religión asociados a esa música.

Esto cambió con el número creciente de estudiantes angloantillanos, especialmente jamaicanos, que empezaron a venir a Cuba para estudiar en el decenio de 1980-1989 (6). Aunque la mayoría no era rastafari, sí trajeron consigo música reggae y algún conocimiento básico de los rastafari, así como información sobre las historias y culturas de sus propias islas, que compartieron con sus pares cubanos. Si bien esos intercambios sólo permitieron la circulación de información rudimentaria sobre el conocimiento en torno a los rastafari, iniciaron a los entusiastas cubanos del reggae de los primeros tiempos en algunos de los principios fundamentales de su filosofía referidos al amor, la paz y la justicia, además de algunos de sus símbolos, tales como el emblema, los dreadlocks y el vínculo con África.

El modo continuadamente fortuito y fragmentado en que la información sobre los rastafari ingresó a Cuba, sumado al incremento de la discriminación policial padecida por las personas con dreadlocks, dificultaron que el movimiento pudiera crecer y organizarse a lo largo del decenio de 1980-1989. Desde mediados del decenio siguiente, sin embargo, esta situación experimentó un marcado giro y el movimiento, literalmente, inició un período de auge. Cierto número de razones explican el cambio.

En primer lugar, la crisis económica cubana y la apertura y el crecimiento subsiguientes del turismo facilitaron y ampliaron el ingreso, acceso y circulación de información, ideas y estilos extranjeros. Si bien el estado sigue firmemente en control de la producción cultural oficial y mantiene su postura ideológica antimperialista respecto a lo que considera la hegemonía cultural norteamericana, existe menos restricción sobre el influjo de tendencias culturales provenientes del exterior, así como respecto a la atracción que despiertan. En especial los jóvenes están adoptando una amplia variedad de estilos extranjeros y se comportan con mayor audacia en sus formas de autoexpresión. Esto ha inducido a muchos más a dejarse crecer sus dreadlocks y a identificarse abiertamente con el movimiento.

Otra importante razón para su reciente crecimiento fue la presencia de un grupo de rastafaris del Caribe anglófono que estudiaron en La Habana en el decenio de 1990-1999. Al percibir la debilidad y la fragmentación del movimiento en Cuba, estos rastafari angloantillanos se autoimpusieron, según sus propias palabras “la misión de educar y unir a los hermanos y hermanas cubanos.” Aparte de organizar reuniones semanales de las congregaciones, en las que se leía la Biblia y se discutía la doctrina rastafari, tradujeron mucha literatura rastafari, discursos de Haile Selassie y letras de canciones de reggae. Adicionalmente, ejercieron influencia por la vía de motivar a los cubanos a establecer sus propias bandas de reggae, grupos de tambores Nyabinghi y redes por toda la isla. Aunque su influencia fue especialmente fuerte en la formación de un grupo particularmente religioso de rastafari cubanos en La Habana, que ahora ha emprendido su propia misión de proselitismo dentro de la isla, la circulación de sus traducciones tuvo una mayor influencia en el crecimiento y fortalecimiento del movimiento en su conjunto.

Otro catalizador en el reciente desarrollo de los rastafari provino de cierto número de rastafari cubanos que abandonaron la isla. Al fortalecerse en su fe y/o su conocimiento sobre el movimiento en el exterior, algunos de ellos realizaron un esfuerzo consciente por ayudar a sus hermanos y hermanas en Cuba enviándoles literatura rastafari traducida, videos y parafernalia en forma de camisetas, gorros tejidos, bufandas y carteles.

Fue por medio de esas rutas, conexiones y redes transnacionales diversas que el movimiento ingresó en Cuba. Dada la multiplicidad de esas raíces, ¿quiénes, cómo y por qué se han identificado con el movimiento en Cuba?

Rastafari a lo cubano

El rastafarianismo en Cuba puede generalmente caracterizarse como un movimiento juvenil predominantemente masculino y afrocubano. La mayoría de sus miembros provienen de barrios urbanos marginales desde el punto de vista socioeconómico y laboran como pintores, músicos o en el sector informal. Debido a los modos fortuitos y heterogéneos en que se introdujeron y difundieron los rastafari, sumados a la barrera idiomática y al peculiar contexto sociopolítico en que se encuentra, el movimiento no se ha expandido como un sistema coherente de conocimiento, sino más bien en forma de múltiples imágenes, ideas, sonidos y estilos fragmentados.

En vez de aprender del conocimiento rastafari de un modo holístico y totalizador, la gente fue –y sigue estando– expuesta a distintos elementos de la cultura de un modo muy carente de guía y sin orden ni concierto. La ausencia de una estructura centralizada, de una voz dotada de autoridad y de buen acceso a la información en el seno del movimiento cubano, también ha llevado a que la gente pueda elegir libremente los elementos del movimiento que más le atrae, así como reinterpretar y cambiar individualmente esos elementos, con el fin de responder a sus propias necesidades y circunstancias personales. Así, distintos componentes de la cultura han sido copiados, alterados, añadidos o fundidos con elementos de otros sistemas culturales, ya sea de modo selectivo o fortuito. Como resultado, se ha desarrollado una multitud de comprensiones y manifestaciones diferentes de la cultura.

Aunque la diversidad es tan rica que se puede decir que cada individuo tiene su propia manera personal de definirse, relacionarse e identificarse como rastafari, la mayoría, sin embargo, se refiere al movimiento en términos de una religión, de una filosofía, de un medio positivo de identificarse con su condición de negro, o como moda. Si bien es precisamente la multitud de interpretaciones e identificaciones personales la que hace tan rica y variada la presencia de los rastafari en Cuba, estimo que puede identificarse cierto número de “manifestaciones principales”. Estas son: los rastafari como religión, los rastafari como filosofía, y los rastafari como moda. Mi intención, al utilizar estas categorías, no es de ningún modo llegar a la esencia de las identidades de la gente, sino más bien tratar de agrupar algunas de las similitudes que existen entre las distintas formas en que los hermanos se identifican con los rastafari y se manifiestan como tales.